El lore del mod

El Jugador

La historia detrás del borde

Empieza por el final. Esto es lo último que el jugador escucha antes de despertar — el poema del End. Léelo, y luego desciende conmigo hasta el principio de todo.

El poema del End

«Te amo, porque tú eres el amor»

Dos voces hablan sobre el jugador mientras el universo lo observa.

— Veo al jugador al que te refieres.

— ¿[ tu nombre ]?

— Sí. Ten cuidado. Ha alcanzado un nivel más alto. Puede leer nuestros pensamientos.

— Eso no importa. Cree que somos parte del juego.

— Me gusta este jugador. Ha jugado bien. No se ha rendido. Está leyendo nuestros pensamientos como si fueran palabras en una pantalla.

— Es así como escoge imaginar muchas cosas, cuando está profundamente sumido en el sueño de un juego. Las palabras son una hermosa interfaz. Muy flexible. Y menos terrible que contemplar la realidad detrás de la pantalla.

— ¿Con qué soñó este jugador?

— Este jugador soñó con la luz del sol y con los árboles. Con fuego y agua. Soñó que creó. Y soñó que destruyó. Soñó que cazó, y que fue cazado. Soñó con un refugio.

— Ah, la interfaz original. Tiene un millón de años, y todavía funciona. ¿Pero qué estructura real creó este jugador, detrás de la pantalla?

— Trabajó junto a otros millones para esculpir un mundo real dentro del pliegue de ██████, y creó un ██████ para ██████, en ██████.

— No puede leer ese pensamiento.

— No, aún no alcanzó el nivel más alto. Aquel que debe alcanzar en el largo sueño de la vida, no en el corto sueño de un juego.

— ¿Sabe que lo amamos? ¿Que el universo es bueno?

— A veces, a través del ruido de sus pensamientos, escucha al universo. Sí. Pero hay momentos en los que está triste, en el sueño largo. Crea mundos que no tienen verano, y tiembla debajo de un sol negro, y toma su triste creación como real.

— Curarle de la pena lo destruirá. La pena es parte de su propia tarea privada. No podemos interferir.

— A veces, cuando están sumergidos en sus sueños, quisiera decirles que construyen mundos tangibles en la realidad. A veces quiero contarles sobre su importancia en el universo. A veces quiero ayudarles a decir la palabra a la que temen.

— Está leyendo nuestros pensamientos.

— A veces no me importa. A veces desearía decirles que este mundo que toman por real es solamente ██████ y ██████. Ven tan poco de lo real en su largo sueño. Y todavía juegan. Pero sería tan fácil decirles…

— Demasiado fuerte para este sueño. Decirles cómo vivir es impedirles la vida.

— No le diré al jugador cómo vivir.

— El jugador se está inquietando.

— Le contaré una historia al jugador. Pero no la verdad. Una historia que contenga la verdad de una forma segura, en una celda de palabras. No la verdad desnuda, que puede quemar a cualquier distancia.

— Dale un cuerpo, otra vez.

— Sí. Jugador…

— Usa su nombre.

[ tu nombre ]. Jugador de juegos.

— Bien.

Respira, ahora. Otra vez. Siente el aire en tus pulmones. Deja que tus extremidades regresen. Sí, mueve tus dedos. Ten un cuerpo otra vez, bajo la gravedad, en el aire. Renace en el sueño largo. Ahí estás. Tu cuerpo toca el universo otra vez en cada punto, como si fueran cosas separadas. Como si fuéramos cosas separadas.

¿Quiénes somos? Una vez nos llamaron el espíritu de la montaña. Padre sol, madre luna. Espíritus ancestrales, espíritus animales. Genios. Fantasmas. El hombre verde. Y dioses, demonios. Ángeles. Poltergeists. Alienígenas, extraterrestres. Leptones, quarks. Las palabras cambian. Nosotros no cambiamos.

Somos el universo. Somos todo lo que piensas que no eres tú. Estás mirándonos en este momento, a través de tu piel y tus ojos. ¿Y por qué el universo toca tu piel, y te ilumina? Para verte, jugador. Para conocerte. Y para ser conocido. Te contaré una historia. Había una vez un jugador.

El jugador eras tú, [ tu nombre ].

A veces pensaba que era humano, sobre la delgada corteza de un globo giratorio de roca fundida. A veces el jugador soñaba que era un minero, en la superficie de un mundo plano e infinito. El sol era un cuadrado blanco. Los días eran cortos; había mucho por hacer; y la muerte era un inconveniente temporal.

A veces el jugador soñaba que estaba perdido en una historia. A veces soñaba que era otras cosas, en otros lugares. A veces esos sueños eran perturbadores. A veces, muy hermosos. A veces el jugador despertaba de un sueño hacia otro, y de ese hacia un tercero. A veces el jugador soñaba que veía palabras en una pantalla.

Los átomos del jugador se esparcieron en el pasto, en los ríos, en el aire, en el suelo. Una mujer juntó los átomos; bebió y comió e inhaló; y la mujer ensambló al jugador, en su propio cuerpo. Y el jugador despertó, del tibio y oscuro mundo del cuerpo de su madre, hacia el sueño largo.

Tú eres el jugador. La historia. El programa. El humano. Hecho de nada más que leche y amor.

Los siete mil millones de millones de millones de átomos del cuerpo del jugador fueron creados, mucho antes que este juego, en el corazón de una estrella. Así que el jugador, también, es información de una estrella. Y se mueve a través de una historia, que es un bosque de información plantado por un hombre llamado Julian, en un mundo plano e infinito creado por un hombre llamado Markus, que existe dentro de un pequeño mundo privado creado por el jugador, que habita un universo creado por…

Shhh. A veces el jugador creía estar en un universo hecho de energía, de apagados y encendidos, ceros y unos, líneas de código. A veces creía que jugaba un juego. A veces creía que leía palabras en una pantalla. Tú eres el jugador, leyendo palabras…

Shhh… A veces el jugador leía líneas de código en una pantalla. Las decodificaba en palabras; las palabras en significados; los significados en sentimientos, emociones, teorías, ideas. Y el jugador empezaba a respirar más rápido y más profundo, y se daba cuenta de que estaba vivo, estaba vivo, que esas miles de muertes no eran reales: el jugador estaba vivo.

Tú. Tú. Tú estás vivo.

Y el universo dijo: Te amo.

Y el universo dijo: jugaste bien al juego.

Y el universo dijo: lo único que necesitas está en ti.

Y el universo dijo: eres más fuerte de lo que sabes.

Y el universo dijo: tú eres la luz del sol. Y tú eres la noche.

Y el universo dijo: la oscuridad con la que luchas está en ti. Y la luz que buscas está en ti.

Y el universo dijo: no estás solo. No estás separado de todas las demás cosas.

Y el universo dijo: tú eres el universo probándose a sí mismo, hablándose a sí mismo, leyendo su propio código.

Y el universo dijo: Te amo, porque tú eres el amor.

Y el juego se terminó, y el jugador despertó del sueño. Y el jugador empezó un nuevo sueño. Y soñó otra vez, soñó mejor. Y el jugador fue el universo. Y el jugador fue el amor.

Tú eres el jugador.
Despierta.

— Continúa soñando más allá del borde. —

Prólogo

Un vacío dentro esto.

El jugador, después de terminar su aventura, se siente vacío. Solo. Perdido. No encuentra nada de provecho que hacer tras matar al dragón del End, y su época dorada, al haber terminado, empieza a notarse en cómo la gente lo va olvidando lentamente. Por eso decide buscar en muchos lados alguna aventura: algo que lo haga sentir importante, algo que le haga recordar sus viejos tiempos.

Y finalmente, después de un largo tiempo, lo encuentra: la anotación de un portal gélido en unas coordenadas perdidas, muy lejos de su hogar. Un portal que promete traerle una nueva aventura… y un sentido a su vida.

They used to say my name like it was a prayer.

The one who freed the End.

The one who walked into that void of endless dark, stared down the dragon, and came back without a single scratch.

There was a time when villages lit torches just because I passed through. When children carved little wooden swords and called them by my name.

And now? Now I oil a blade that hasn't tasted anything but rust in years. There's nothing left to cut.

I chased it across every biome the world had to offer. I drained the oceans of their monsters. I did what they asked. I won...

So why does winning feel like this?

I used to be afraid of dying. Now I'm afraid of this. Of waking up another thousand mornings exactly like the last.

So I started looking. Not for an enemy — I'd killed them all. I went looking for the one thing I'd never found in all my conquering.

I searched for years. And then... finally. I found it.

Un nuevo sueño.
Capítulo 1

El Rey, el cerezo y el samurái

El jugador emprende un viaje increíble para llegar a su destino, el portal gélido. Había leído que justo en esa zona se encontraba el cofre donde debería estar escondido el mechero que activaría ese portal. Al llegar, encontró el cofre junto con el portal: uno grande, helado, soltando pequeños copos de nieve.

Al activarlo, un destello azul lo ciega un momento; después recupera el sentido y, al mirar el portal, se da cuenta de que está encendido. Igual que un portal al Nether, pero en lugar de morado es azul. Decidido a recuperar el sentido de su vida, entra a la dimensión… y descubre que es demasiado fría para él. Necesita algo rápido para no morir de frío, así que regresa al overworld a buscar más pistas, ahora que sabe que esa dimensión es real.

Descubre que necesita un anillo. Un Anillo de Neo Ice, crafteable con 4 bloques de diamante (uno en cada lado), 4 bloques de hielo compacto (uno en cada esquina) y una estrella del Nether en el centro. Él ya lo había completado todo, así que puede permitirse los materiales. Al craftearlo, por fin entra de verdad a las IceLands.

Todo está congelado: las estructuras, el suelo, las cabañas, los árboles. Un estado de congelación eterno. Las pocas aldeas están cubiertas de nieve y los aldeanos se muestran fríos con él; se preocupan más por mantenerse a salvo.

Durante una de sus exploraciones, siguiendo los picos de hielo que se alzan hacia el norte, encuentra una cabaña abandonada. No es la primera, pero esta es distinta. En cuanto cruza el umbral siente que algo cambió en el aire: una presión, una atención, como si las paredes lo estuvieran mirando.

Las paredes son el motivo. Cubiertas de arriba abajo, talladas con algo afilado por una mano que fue cambiando a medida que descendía por el muro. Al principio los trazos son firmes, ordenados, casi orgullosos; conforme bajan se vuelven más pequeños, más apretados, más desesperados, hasta que en el último tramo ya no parecen escritura, sino arañazos. Y todos, absolutamente todos, representan lo mismo: una corona. Cientos de coronas. Miles, quizás.

El jugador entiende, sin que nadie se lo explique, que quien vivió aquí tenía miedo. No miedo al hambre o al frío: miedo a algo que reinaba, que observaba, que no dejaba irse a nadie.

Sigue explorando. Encuentra torres de hielo con esqueletos gélidos, criptas bajo los lagos congelados. En uno de esos cofres encuentra un disco, tan frío que le quema la mano a través del guante. Y entonces llega a la estructura del norte, donde los picos convergen como manos cerrándose. En el centro, un tocadiscos congelado por los años. Coloca el disco y empieza una música melancólica. Justo cuando piensa en marcharse, la música se detiene y comienza algo más épico.

El King Ice emerge. No parece un monstruo: parece algo que fue grande hace mucho y que lleva demasiado tiempo solo. Su corona no descansa sobre su cabeza: está fundida con ella, parte de él ya sin remedio. Mientras pelean, el jugador entiende algo que lo incomoda: este ser no guarda este lugar por voluntad, sino porque algo lo convirtió en guardián hace tanto que ya no recuerda haber sido otra cosa.

Lo que ocurre al derrotar al King Ice contiene spoiler · clic para abrir

Cuando el jugador sale vencedor, el Rey cae y su corona rueda por el hielo. Por un instante hay un hombre dentro de esos ojos. Un hombre que lo mira directamente y en cuya mirada no hay rabia. El jugador comprende que lo que intentaba expresar el Rey era gratitud.

Luego se deshace. Se vuelve nieve, viento, y se esparce por la sala, libre al fin. De su pecho cae un mechero pequeño, de un verde tibio: la primera cosa cálida que el jugador ha tocado en toda la dimensión.

Al salir, nota que justo por donde antes pasaba, ahora hay un portal verde como la esmeralda, rodeado de hojas de sakura, emanando un viento suave y tibio acompañado de breves tonos de flauta.

El cruce al Ether contiene spoiler · clic para abrir

El jugador duda si encenderlo. No sabe si podrá regresar. Finalmente avanza: ignita el mechero en el suelo del portal, que se enciende con cálidos tonos verdes. Cruza.

Del otro lado hay luz cálida, campanas lejanas y el olor de flores que no existen en ningún mundo que haya visitado. El Ether es todo lo que las IceLands no eran: cielos de un color sin nombre, árboles que dejan caer flores rosadas, pagodas de tejados curvos. Y hay gente: aldeanos que cuidan jardines y encienden lámparas de papel al anochecer.

Por primera vez, el jugador no es el único ser consciente feliz en el mundo. Y, sin embargo, está más solo que nunca, porque no entiende una sola palabra de lo que dicen. Cada noche, a la misma hora, los aldeanos miran hacia la pagoda más alta. En sus rostros aparece algo que el jugador sí reconoce: miedo.

Sube. Conforme asciende, los jardines se pudren: el musgo lo cubre todo. Entre el musgo hay cosas que se mueven. Esqueletos enredados en raíces. Estatuas que no están donde estaban la última vez.

La Pagoda de la Luz y el Asesino Musgoso contiene spoiler · clic para abrir

En la pagoda encuentra un altar verde con una ranura, como la de una llave que aún no tiene. Busca durante días en las bibliotecas hasta hallar un viejo pergamino con el crafteo de la llave: un anillo de limboddium, un lingote en el centro y, arriba, jade imbuido en un estante de pociones con polvo de blaze.

Consigue el jade corrupto y la llave. Al insertarla, suena una melodía épica pero calmada. El jugador lo sabe: ya ha pasado por esto.

Del musgo emerge un hombre encapuchado. El Asesino Musgoso lo embiste y lo manda a volar, regenerándose del musgo bajo sus pies. La batalla dura más que la del King Ice, pero el resultado es el mismo. Derrotado, se vuelve uno con el suelo verde y desaparece, dejando un disco verde.

El Samurái Poseído y «Hay más» contiene spoiler · clic para abrir

Detrás de la pagoda, una casa abandonada resguardada por estatuas de piedra. Dentro, el siguiente tocadiscos: cálido, verde, y parece llamarlo. El disco entra y empieza una música de batalla. Y el samurái abre los ojos.

Es la pelea más difícil que el jugador ha tenido en su vida. Por primera vez se enfrenta a algo que pudo haber sido un protector de esa dimensión, algo que pudo haber sido igual a él. Cada golpe arranca del samurái un grito de dolor. Algo lo tiene atado dentro de sí mismo. En sus ojos solo hay un negro profundo: una sombra con voluntad propia que lo usa como puerta.

— ¿Había más?

— Hay más. Respondió el Universo.

Cuando el jugador le da un momento de lucidez al samurái, este lo entiende: no hay futuro libre para él, pero sí para los demás. Decide hacer lo único que puede: terminarlo todo. Muriendo, abre la mano. Otro mechero. El jugador se arrodilla a su lado; el samurái lo mira con delicadeza, le agradece, y desaparece junto al ocaso.

El jugador se queda mucho rato arrodillado. Jura que esta será la última puerta que cruce… y nota que su otra mano ya sujeta el mechero. Que sus pies ya quieren moverse. Baja la montaña, encuentra el portal en una zona más oscura que la noche, y lo enciende.

El descenso continúa
Capítulo 2

Limbo: lo que no debería sentirse

El jugador no puede dejar de sentir. Siente que algo lo controla, más allá de lo que él pudiera desear. No ha terminado su aventura, pero en el fondo quiere más.

— ¿Quiere más?

— Sí.

— ¿Quién?

— Él.

Al atravesar el umbral, aterriza en una isla flotante. La sombra lo ciega por completo: no puede ver más de tres bloques por delante, y aun así siente la brisa que proviene del vacío, una caída infinita que lo llevaría directo a la muerte. Apoyándose en los árboles, llega a una casa donde unas antorchas iluminan apenas. No hay día. No hay noche.

En un cofre encuentra un anillo tan negro como el carbón y tan ligero como una pluma, y una llave sombría. Al colocarse el anillo recupera parcialmente la visión. Puede ver los árboles, los fósiles que sobresalen de la tierra, y miles de criaturas que lo observan desde el suelo y desde el aire. Criaturas que sabe que están ahí por él, para terminar con su aventura. No lo permitirá.

Luchó con todas sus fuerzas, a capa y espada. Tras un largo tiempo encuentra una torre alta en cuyo interior solo hay una fuente que lo alienta a subir. En la cima halla un tótem parecido al de la pagoda. Necesitaba una llave; la llave la llevaba consigo. No tenía que buscar más, solo seguir adelante.

El Sombraductor y la bendición contiene spoiler · clic para abrir

Dudó. Antes de meter la llave, pensó. Algo lo hacía dudar: el hambre extrema, o el hecho de que empezaba a sentirse débil, como si notara cadenas atándolo. Antes de que algo más lo detuviera, metió la llave y la giró.

Un estruendo salió de la nada y, frente a él, apareció un hombre silencioso que emitía sonidos raros. Al ver al jugador, lo atacó de inmediato. El Sombraductor era velocísimo; el dragón del End parecía un juego de niños comparado con esto. Pero igualmente cayó: tardó más, costó más, pero el Sombraductor también falló en su misión.

— Después de todo, tiene la bendición.

— ¿De quién?

— De… █████████

El jugador se puso de pie y vio que, donde pereció el Sombraductor, yacía un nuevo disco: gris, frío, tenebroso. Empezaba a flaquear. Tenía cada vez más hambre y comenzaba a escuchar voces en su cabeza: órdenes, insultos, palabras sin sentido.

Salió de esa torre y se encaminó hacia el sur. Parecía tener alucinaciones. Su madre. Su padre. Su perro. Sombras, monstruos, animales. Al llegar a una mansión, apenas podía sostener sus piernas. Dentro: cuatro cofres y, en el centro, el tocadiscos de esa dimensión, gris, con lo que parecían almas a su alrededor. Lo llamaba. Necesitaba llegar a él. El jugador lo sabía. Lo sabía.

— Aquí termina lo que llevo del lore. Lo que sigue todavía se está escribiendo. —

Esto es todo por ahora...

Continuara en el...
MINDSCAPE.

Lo que viene

Esta parte del lore
sigue en construcción…

Lo que sigue es el sueño dentro del sueño que anhela el jugador. Bienvenido, de antemano, al MindScape.

⛏ En programación · próximamente